Leña y fuego
¿Moito fume? pouco lume (¿Mucho humo? poco fuego)
Donde hai lume, hai fume (Donde hay fuego, hai humo)
¡Fuxir do lume e caer na borralla! (Huir del fuego y caer en los rescoldos)
Leña torta, co lume se endereita (Leña torcida, con fuego se endereza)
Quen non ten rabo de palla, non lle ten medo ao lume (Quien no tiene rabo de paja, no le tiene miedo al fuego)
Son sólo algunos de los más conocidos y repetidos refranes gallegos que hacen referencia al fuego.
Y es que el fuego encandiló a la humanidad desde el principio de los tiempos. Desde su descubrimiento, el hombre se ha sentido protegido, no sólo porque cuenta ahora con un medio para calentarse, cocinar, ayudar a la caza o defenderse de los animales, si no que además, gracias al fuego, el hombre pudo construir y destruir, y alrededor de él vivirían y crecerían muchas generaciones.
En el imaginario popular gallego, ya desde tiempos de los celtas, el fuego fue origen de cuentos y leyendas. Y es que Galicia continúa siendo un país de profundas creencias pagano-cristianas. La presencia de lo sagrado aún se encuentra a día de hoy en elementos como las piedras, los ríos, las fuentes, pero también en árboles, leña, fuego, una cultura popular trasmitida de generación en generación en «púlpitos e lareiras» como ya nos decía Vicente Risco.
También Murguía hablaba del culto que los celtas hacían del agua, del fuego, de los árboles, de la naturaleza; las fiestas que se hacen alrededor del fuego, o en las que el fuego adquiere un rol trascendental, como las fiestas de San Juán.
En Cabanas sen Barreiras queremos continuar con la tradición y rendir nuestro particular homenaje a la leña, al fuego, a la naturaleza que nos garantiza poder calentarnos, y este vídeo es muestra de ello.
En la finca de Quintenla estamos retirando algunos pinos, eucaliptos y con mucha pena, algunos robles, maniobra precisa para hacer sitio para la instalación de las cabañas. Con todo, estos árboles caídos serán bien aprovechados, ya que estamos haciendo leña con ellos, y almacenándola, para que después, durante las frías noches de invierno, se pueda hacer un buen fuego en las chimeneas de las cabañas.